México-San Cristobal de las Casas (14 de Octubre)

Después de nada más y nada menos que 16 horas de autobús hemos llegado a San Cristóbal de las Casas.

Bye bye Mérida, Hello San Cristóbal!!

¡Que pesadilla de viaje, por dios!  Y no solo lo decimos por la duración del trayecto si no por el estado de las carreteras. Parecía que estábamos en una montaña rusa con tanto botecito.

A eso de las 15 horas llegábamos a la estación de San Cristóbal y cómo no estábamos cansado ya… tuvimos que caminar casi dos kilómetros con todas nuestras cosas, que no pesan ni nada…, para llegar al hostal.

Pero siempre hay una parte positiva en todo. ¡Qué maravilla de Hostal! Nos alojamos en el Hostal Rossco Backpackers (http://backpackershostel.com.mx), un hostal que tipo Hacienda que ofrece diferentes tipos de habitaciones. Nosotros nos alojamos en una habitación doble (con baño privado y desayuno incluido) por sólo 253 pesos la noche.

Aunque sólo teníamos pensado quedarnos una noche al ver el Hostal, ipso facto reservamos por otra segunda noche.

Después de dejar las cosas y de asearnos salimos a conocer la ciudad (por cierto… que fresquito hace en este pueblo, menos mal que decidimos incluir una chaqueta en nuestro equipaje porque si no nos congelamos).

Vaya contraste de ciudad! Hay una mezcla de gente muy interesante: muchos artistas, turistas, mexicanos, chamulas…) y aunque al principio la ciudad no nos acabó de enamorar cuanto más paseábamos más crecía nuestro amor por ésta.

Ese día comimos/cenamos en FunkyBurritos (https://www.facebook.com/funkyburritos) y a pesar que nos dio la impresión de que era un sitio para turistas (tanto por el precio como por la decoración) hay que reconocer que la comida estaba muy rica y además Sergi descubrió la salsa Chipotle que, aunque pica como un demonio está buenísima!

La mayoría de tiendas y restaurantes de la ciudad se concentran en tres calles peatonales y junto con los comercios… la gente. ¡Cuanta gente! ¡Cuanto ambiente! ¡Cuanta vida! Definitivamente San Cristóbal nos estaba enamorando poco a poco.

Aunque estábamos agotados, decidimos ir a tomar algo Caminado por Calle Real de Guadalupe encontramos una terracita hasta los topes y una mesita vacía así que sin pensarlo mucho allí no sentamos. Se trataba del Bacco, un bar especializado en vino con lo que: “¡Camarero dos copas de vino tinto!”

 

Como ya hemos comentado la ciudad está repleta de artistas callejeros y por suerte tuvimos el placer de disfrutar de varios músicos. ¿qué más se puede pedir que disfrutar de unas buenas copas de vino mexicano escuchando música en directo y en la mejor compañía posible?

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