Colombia- San Agustín (8 de Noviembre)

Madre mía lo que nos ha costado llegar a San Agustín… y todo lo que hemos pasado (cortes de carreteras, pinchazos de ruedas, ordenadores rotos…).

San Agustín es una ciudad famosa, sobretodo entre los turistas nacionales, por acoger uno de los restos arqueológicos más antiguos de Colombia. Antes de la llegada de los Españoles en la zona de San Agustín vivía una tribu misteriosa que honraba a los muertos mediante la construcción de unos “tótems” esculpidos en roca volcánica.

Poco se conoce de esta tribu. Desaparecieron antes de la llegada de los europeos y nadie sabe en ciencia cierta que pasó con ellos. Sólo se conservan algunas tumbas y estatuas. Según los locales es un lugar cargado de energía y muy espiritual.

Ignacio, un amigo de Sergi nos recomendó ir a San Agustín y casi nos “obligó” a quedarnos en el Hostal Bambú, un hostel propiedad de un amigo suyo, Gerard.

Hay que decir que nos convenció muy fácilmente sobre todo cuando nos dijo que las primeras dos noches nos las pagaba él. Gracias chicos!!!

La verdad es que el hostal nos encantó,  está súper céntrico y tiene una terraza espectacular, con unas vistas maravillosas de toda la ciudad.

Después de desayunar nos pusimos en camino hacía el parque arqueológico de San Agustín, que es la necrópolis más grande de todo el mundo.

Está a sólo 5 km del pueblo y se puede llegar muy fácilmente mediante una buseta que pasa muy frecuentemente por el Centro (está marcada con un cartel de “parque arqueológico” así que se puede reconocer sin ningún problema).

La entrada, para nuestro gusto, era muy cara, 25.000 pesos por persona y después de visitar el parque todavía nos lo pareció mas.

Puede ser que las ruinas sean muy antiguas (entre el siglo XIV y VI antes de Cristo) pero en comparación con otras zonas arqueológicas que hemos estado nos pareció muy pobre.

El parque se divide en 6 partes principalmente, 4 mesetas, el museo y el bosque de las estatuas, un paseo donde se pueden observar más de 3 esculturas de la época.

Las estatuas suele representar figuras de animales o humanoide y hay que decir que nos han parecido curiosas pero tampoco son impresionantes además que para conservarlas han construido unos porches de madera y metal que rompen totalmente con la estética del lugar.

A pesar de ello el lugar es curioso y es muy agradable para pasear, los caminos están cuidados, la vegetación que lo rodea es increíble y si que es verdad que tiene una energía especial. Además si tenéis presupuesto para contratar un guía creemos que la actividad mejora exponencialmente ya que la gracia del sitio no son tanto sus esculturas como lo es su historia en sí.

Después de la visita al parque nos pusimos a buscar un sitio para comer. Acabamos en un restaurante situado en la carretera del parque a San Agustín, “Donde Richard” y fue todo un acierto.

Un servicio excelente, unas raciones grandes y muy ricas y sobretodo fuera de la típica comida de los corrientazos (pollo, frijoles y arroz) aunque el precio, de 30.000 pesos por persona, se pasaba mucho de nuestro presupuesto diario…

Por la tarde nos pusimos a dar una vuelta por el pueblo y aunque a primera vista no enamora, poco a poco te vas sintiendo como en casa. Es un pueblo pequeño, con unas calles organizadas en forma de cuadricula y cuyos habitantes tienen siempre una sonrisa en la boca, además de que es super seguro cosa que se agradece  y mucho habiendo estado en Bogotá y Cali.

 

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