Colombia- Bogotá (22 de Octubre)

No sé yo si será la altura o tal vez el cansancio acumulado, pero nos hemos levantamos muy tarde en comparación con nuestra rutina habitual. A las 9 nos despertábamos y acabamos de desayunar a eso de las 11.00…

En nuestro segundo día en Bogotá queríamos visitar Monserrate, un cerro colindante a la ciudad que se eleva más de 3150 metros.

La base del cerro, donde se pueden tomar el funicular, el teleférico o donde comienzan las escaleras para subir caminando se sitúa en la intersección de la carrera 1 con la Avenida Calle 20 y la forma más fácil de llegar en transporte público es ir hasta hasta el barrio del Bosque Izquierdo (donde se sitúan muchas universidades de la ciudad) y luego subir caminando por la calle 20.

Por suerte Cesar se ofreció a llevarnos hasta la base del cerro y digo por suerte, porque además de ser un camino largo mucha gente nos ha comentado que puede llegar a ser peligroso (sobretodo en días entre semana cuando acude poca gente y de noche).

Como era domingo la entrada al funicular/ teleférico  nos ha costado casi la mitad que en un día laborable (9.400 pesos versus 16.400), eso sí a costa de tener que hacer colas larguísimas ya que el sitio estaba a reventar.

Las vistas desde arriba son totalmente increíbles, puedes ver toda la ciudad que pequeña, pequeña, lo que se dice pequeña no es.

Si la altura en la ciudad ya hace mella, en Monserrate literalmente nos faltaba el aire.

Después de pasear por la zona y ver su iglesia nos fuimos a comer a Santa Marta, un pequeño restaurante situado arriba del cerro y con unas magníficas vistas. Aunque el sitio era muy bonito y las vistas espectaculares nos pareció caro y muy turístico. Definitivamente se paga la localización más que la comida o el servicio.

Cuando nos decidimos a volver a la ciudad, nos tocó hacer más de una hora de cola en el teleférico, podríamos haber bajado en funicular, pero como ya habíamos subido con él nos hacía más gracia probar el teleférico.

Una vez ya abajo intentamos tomar un bus pero fue imposible. Los que supuestamente pasaban no lo hacían y aquellos que pasaban no paraban así que nos pusimos a caminar hacia el centro de la ciudad antes de volver al apartamento.

Tomamos uno de los buses de Transmilenio para regresar a casa y uff… estaba hasta los topes y cuando digo “hasta los topes” quiero decir que la gente empujaba y mucho para entrar. El trayecto no fue nada nada agradable y sobre todo teniendo en cuenta que como nos habían comentado que se producían muchos robos en el transporte público, teníamos que estar pendientes de las mochilas y de no caernos por los empujones.

Si os somos sinceros y aunque no nos pasó nada, la ciudad nos ha parecido un poco insegura. En todos lados nos decían que no sacáramos los móviles, las cámaras… que nos podríamos meter en problemas y eso nos coartó un poco a la hora de hacer fotos o grabar la vida de la ciudad.

Sobre todo ese “feeling” lo tuvimos por el centro, donde vimos mucho mendigos y gente pidiendo por la calle además de que pudimos observar en directo a varios drogadictos tomando crack a plena luz del día… Pero también hay que decir que la gente con la que nos hemos encontrado ha sido super simpática y que no es que hayamos tenido ningún problema sino todo lo contrario, se paraban a ayudarnos, nos acompañaban a los sitios … con lo que quizá  ha sido más el miedo que nos han metido en el cuerpo que otra cosa.

Ya de vuelta y con el tiempo justo quedamos directamente con la familia en el restaurante Andrés Carne de Res del centro comercial el retiro, cerca de la zona T de Bogotá y del apartamento.

Este restaurante, mejor dicho, cadena de restaurantes porque tienen como tres en la ciudad, es súper famoso y todo un icono de Bogotá.

El primero de todos y más popular y según dicen “espectacular” está localizado en Chía, una población que se sitúa a 45 minutos del centro de la ciudad en transporte público. En bus se puede llegar tomando el TransMileno en la estación norte con un coste de 2.400 pesos y si se quiere ir en taxi la broma puede costar unos 75.000- 80.000 pesos.

Este restaurante es famoso y único porque mezcla de una forma casi perfecta la excentricidad, el teatro y la comida. Un show en estado puro. Hay que verlo. En serio.

Plantas y plantas repletas de diferentes salas con una decoración súper atípica: Esculturas de vacas, bebidas servidas en las tazas metálicas que utilizaban nuestros abuelos, luces, corazones y 100.000 cosas más que en principio no pegan ni con cola, pero en el Andrés conviven casi en armonía perfecta.

Como su nombre indica su especialidad es la carne y aunque el precio es bastante elevado (sobre todo con nuestro presupuesto de 30 euros al día en Colombia) creo que debería ser una visita obligatoria, aunque fuera para tomarse una copa (ojo que los viernes, y sábado cobran una entrada/cover sólo por entrar).

Después de esa magnífica cena volvimos para casa. Aunque teníamos pensado salir al día siguiente para Salento le pedimos a Julia quedarnos un día más para organizarnos un poco y descansar.

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