Colombia- Bogotá (21 de Octubre)

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Nuevo día, nuevo país y… ¡qué frío!!!

¡Quién se iba a imaginar que en Bogotá hiciera tanto frío, porque nosotros no!

No sé porque teníamos en la cabeza que sería un clima tropical, pero nanay de la china… ¡La temperatura media es de 10 grados!!!

Cuando nos hemos despertado Julia nos tenía preparado nuestro desayuno: cafetito, fruta cortadita y todo tipo de panes con Queso… Más maja!! Como ella se tenía que ir a una reunión nos hemos quedado con Sofía y Sara que aparte de “ayudarnos” un poco en acomodarnos en casa también nos han hecho de “profesoras” introduciéndonos todos los tipos de frutas tenían en su casa: Que si granadilla, que si lulo, que si la uchuva, que si la pitahaya, que si tomate de árbol, …. ¡Madre mía cuantos tipos de fruta hay que no conocemos! Definitivamente habrán pensado que somos un poco idiotas porque con cada nueva fruta poníamos cara de “ uala.. ¿y eso que es?”

Después de desayunar y arreglarnos nos hemos puesto rumbo al centro, que se podría decir que se sitúa entre la carrera 1 y la 10 y entre la calle 6 y 16.

Nuestro “primer” problema ha sido el transporte. En Bogotá el sistema público de transporte se compone de autobuses y de lo que llaman el Transmilenio (que es un bus que va por unos carriles dedicados), pero para entrar en la mayoría de buses es necesario una tarjeta de transporte que se va recargando, es decir, no se puede pagar en efectivo al conductor.

En la mayoría de estaciones del Transmilenio venden las susodichas tarjetas, pero para nuestra desgracia no había ninguna cerca así que hemos deambulado por los alrededores de casa de Julia y Cesar buscando algún sitio para comprarla, pero sin mucha suerte.

Después de un rato hemos decidido preguntarle a un conductor, y en aquel momento una señorita que nos escuchaba nos ha dicho que nos “pasaba” ella con su tarjeta y que de diéramos el efectivo.  Si es que el mundo está lleno de buenas personas…

Al llegar al centro nos hemos dirigido al Museo del Oro (Carrera 6, número 15-88) el museo más famoso de la ciudad que contiene más de 55.000 piezas de oro de la época pre-Hispánica. La entrada tiene un costo de 5.000 pesos por persona, aunque los domingos son gratis. Aunque interesante, sobre todo la parte de las técnicas utilizadas en la época, nos ha parecido un poco repetitivo.

Como después del museo el hambre ya apremiaba decidimos irnos a comer. Sofía y Sara nos recomendaron el restaurante “la Falsa Puerta” y hacía allí nos dirigimos.

Se trataba de un pequeño restaurante situado en la calle 11, num6-50, justo delante de la Catedral, donde la línea de colombianos y turistas esperando para entrar es impresionante. Nos sentamos al lado de dos señoras colombianas súper amables que nos recomendaron pedir Tamal y Ajiaco y hay que decir que todo un acierto, aunque las cantidades son industriales incluso si te compartes platos…

 El tamal es un plato hecho de masa de harina de maíz, arroz, pollo, zanahoria, tocino, arveja (que a saber que es eso…) y diversas especias y el ajiaco es una sopa de papa, , pollo, alcaparras, crema de leche y mil cosas más que no supimos distinguir, que se sirve con arroz y guacamole.

Las señoras nos explicaron un poco la historia del restaurante y el porque de su nombre. Se ve que es uno de los restaurantes más antiguos de Bogotá que lleva abierto desde 1816… y que su nombre se debe a que está situado delante de una puerta de la catedral sólo disponible para los clérigos y altos mandos de la iglesia, de ahí lo de “falsa puerta”.

Después de pagar (un tamal, un ajiaco y dos cervezas unos 67.000 pesos) y de despedirnos de las señoras nos dedicamos a conocer un poco los alrededores del restaurante, donde se sitúan parte de las principales atracciones de la ciudad.

Alrededor de la plaza de Bolívar, que se puede considerar como el corazón de la ciudad se puede descubrir el capitolio nacional, la iglesia Museo de Santa Clara y el PIT Centro histórico.

Posteriormente fuimos al museo de Botero, un museo gratuito situado en la calle 11 número 4- 41 y que para nuestra sorpresa fue la gran revelación del día.

Además de numerosas obras de Botero se pueden encontrar obras de muchísimos otros artistas: Monet, Picasso, Dalí…).

A eso de las 5.00 de la tarde ya derrotados decidimos volver para casa.  Como ya he comentado el tema del transporte público es complicado y el nivel de tráfico es tan elevado a según que horas que tardamos casi 1 hora en volver.

En casa nos esperaba toda la familia ya que uno de los primos, Manuel cumplía años y nos fuimos todos juntos a cenar.

Como ya habíamos visto el centro, además que por la noche tiene pinta de peligroso, decidieron ir a cenar a la zona Usaquén, un antiguo pueblecito anexado ahora a Bogotá donde tuvimos la oportunidad de pasear y ver otra cara de la ciudad mucho más tranquila.

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